"Arte y feminismo: ¿una liaison dangereuse?". Alicia Lorca Guillén. Artículo de Opinión.

08.03.2021

En la primera jornada de nuestra semana dedicada a la mujer y la cultura, historiadora e historiadora del arte Alicia Lorca Guillén, nos trae un artículo de reflexión y opinión que, si bien no te consigue aportar una nueva visión, desde luego que no te dejará indiferente. 

Pilar Pilar Albarracín (No apagues mi fuego, déjame arder III 2020) & Autorretrato Sofonisba Anguissola.
Pilar Pilar Albarracín (No apagues mi fuego, déjame arder III 2020) & Autorretrato Sofonisba Anguissola.

Durante todo mi recorrido académico, tanto en Historia como en Historia del Arte, la ausencia de las mujeres en el discurso "oficial" me llamó mucho la atención. En Historia, recuerdo que nos catalogaban como un grupo aislado, no como parte de la unidad. Debo agradecer, por supuesto, a todas las profesoras que un día me hicieron cuestionar por qué estás mujeres no estaban en los discursos. En Historia del Arte, por el contrario, podíamos tener la fortuna de que una profesora incluyera un tema de «la mujer artista en el siglo tal...», pero sí es cierto que en los últimos años comenzó una extraña moda en torno a intentar eliminar ese tratamiento de mujeres artistas aisladas para pasar a nombrar a dos o tres "genios" como si por el simple hecho de nombrarlas ya estuvieran haciendo un flaco favor al colectivo feminista. Así, cuando nos hablan de mujeres artistas, siempre se hace desde la perspectiva de aquellas mujeres que consiguen sobresalir en el mundo masculino por su genialidad.

Aquí es cuando yo me pregunto: ¿sabemos diferenciar entre la historia del arte feminista, del arte creado por mujeres y el arte eminentemente feminista?

Aquí es cuando yo me pregunto: ¿sabemos diferenciar entre la historia del arte feminista, del arte creado por mujeres y el arte eminentemente feminista? Celia Amorós (1997) define la relación entre femenismo y posmodernidad como «liaison dangereuse». Ese vínculo peligroso lo traslado yo al arte femenino y el arte femenista. Los discursos oficiales creen que por incluir los nombres de algunas mujeres como Sofonisba Anguissola, Artemisia Gentileschi, Berthe Morisot, Georgia O'keeffe o Frida Kahlo en sus narrativas ya están cumpliendo con la igualdad. Pero esto no sólo me levanta sospechas a mí: ya decían Griselda Pollock y Rozsika Parker en Old Mistress (1981) (en Mayayo, 2013, 50) que, por supuesto, esta perspectiva no es suficiente para hacer una Historia del Arte feminista. 

Patricia Mayayo (2019) nos dice: "Subrayar las aportaciones de las mujeres artistas para incluirlas sin más, en el canon dominante no contribuye a poner en entredicho la jerarquía de valores en la que se basa el discurso histórico-artístico tradicional". Esto no quiere decir que se deba relegar la recuperación del legado femenino, ya que Pollock también denuncia que su actividad ha sido completamente ignorada en lo que denominamos Historia del Arte, así como que el estudio histórico de estas mujeres es una necesidad de primer orden. 

Lo que está claro es que la recuperación histórica no es suficiente cuando no se acompaña de la desarticulación de "los discursos y prácticas de la propia historia del arte" (Pollock,2013: 55). Forma parte de nuestra tarea como mujeres historiadoras conseguir esa desarticulación de la "vieja" Historia del Arte patriarcal que sólo incluye nombres y que oculta muchos aspectos de lo masculino para ensalzar las figuras del "genio". Para mí, el arte femenino no debe ser una categoría. Creo que nuestras compañeras ya han realizado una gran labor en la búsqueda histórica de mujeres artistas, por lo que ahora hay que reivindicarlas fuera de los discursos oficiales e incluirlas de manera igualitaria en su contexto.

Para mí, el arte femenino no debe ser una categoría...

Para mí, además, existe otra problemática. Hoy en día, en mi opinión, hay una confusión de términos en el estudio feminista de la Historia del Arte, ya que en ocasiones se cataloga a muchas artistas de feministas únicamente por el simple hecho de ser mujeres: de nuevo, una «liaison dangereuse». 

Uno de los casos que más me llama la atención es el de Artemisia Gentileschi, pintora barroca que por excelencia siempre ha sido el nombre que incluyen para mostrarnos que, dentro de la genialidad masculina, había alguna mujer que sobresalía. Desde mi punto de vista, Artemisia es técnicamente brillante. Pero una de las deficiencias más grandes en la actualidad en el estudio de mujeres artistas está en analizar su obra únicamente en relación con su vida. A la mayoría de artistas masculinos no les pasa esto: ¿por qué? ¿Acaso su obra es ya tan importante que no es necesario analizar los elementos más turbios de sus vidas? 

Artemisia tuvo que sufrir ya en el siglo XVII un episodio que hoy está a la orden del día en la cotidianidad de las mujeres: la violación. Fue violada por su maestro Agostino Tassi en 1611, hecho que le persigue aún hoy día en todas sus narrativas, puesto que sus obras se analizan desde la sexualidad y la feminidad. Pero, además de eso, se cataloga en muchas ocasiones a esta artista como "feminista". Señores y señoras, ¿cómo vamos a hablar de una artista feminista en el siglo XVII sólo por el simple hecho de que denunció su violación ante su padre y que después ganase el juicio? ¿La convierte en una artista feminista? Spoiler: no. 

Es cierto que llama la atención que en el siglo en el que se inserta esta artista se hiciera justicia, pero también debemos tener en cuenta la posición social de Artemisia: aunque a las mujeres se las viola y se les mata a lo largo de toda la Historia, en ocasiones una buena posición social les permitía sobrevivir mejor a los abusos del mundo patriarcal, algo que incluso podemos extrapolar a día de hoy (pero eso son otras cuestiones). 

Vamos, pues, con un ejemplo de confusión de términos: el periódico La Vanguardia en agosto de 2020 nos habla de Artemisa como "Feminista por su vida y su obra, independiente y libre". Para empezar, quiero darle algunos datos al periódico. El primero de todos es que en el siglo XVII el feminismo no existía. El feminismo es un movimiento político que tiene un origen y que no se enmarca en el siglo XVII. En palabras de Celia Amorós, "entendemos por feminismo, de acuerdo con una tradición de tres siglos, un tipo de pensamiento antropológico, moral y político que tiene como su referente la idea racionalista e ilustrada de igualdad entre los sexos". Pero además el periódico afirma que es feminista por su "vida y su obra", sacando a la luz otra de las problemáticas más frecuentes en los estudios de mujeres artistas: la relación vida/obra.

No está mal analizar la obra de los artistas en relación con sus episodios biográficos. Lo que es erróneo, desde mi punto de vista, es analizar la obra de las mujeres artistas solamente en relación con sus vidas. Cuando nos hablan de Frida Kahlo, aunque toda su vida está presente, siempre priman los aspectos negativos, como su relación tóxica con Diego Rivera; ocurre algo similar con Camille Claudel, siempre a la sombra de Rodin (genio que nadie se atrevería a deshonrar). 

Cuando nos hablan de los grandes genios de la pintura, se considera peligroso juzgarlos por los episodios más truculentos de sus vidas, pero aquí viene un golpe de realidad: Caravaggio era un alcohólico y un asesino, Picasso fue un machista y machacó a todas las mujeres que aparecieron en su vida, y Gauguin era un pedófilo que mantenía relaciones con niñas de 15 años. De hecho, es destacable que La Vanguardia también publicara un artículo sobre Gauguin en 2018 en el que se hace un recorrido por su vida y en el que la única alusión que se hace sobre este aspecto es "Aquí pintó un puñado de sus grandes obras y forjó su leyenda de incorregible, de aventurero, de polémico mujeriego (algunas de sus mujeres eran niñas de 14 y 15 años), de pensador anticolonial, anticlerical, antiburgués". 

La excusa es que estaba permitido en su época, pero ¿la solución es normalizarlo? Siento ser tan directa: como historiadora del arte, muchos de los artistas que he mencionado son grandes figuras, pero eso no quita que la mayoría de los grandes artistas que hoy alabamos como los grandes genios eran misóginos, machistas y funcionaban con una fuerte estructura patriarcal. Entonces ¿qué debemos hacer las historiadoras para hacer una Historia del Arte feminista?

Entonces ¿qué debemos hacer las historiadoras para hacer una Historia del Arte feminista?

Pues lo primero sería entender bien los conceptos. Debemos diferenciar el arte realizado por mujeres en toda la Historia y el arte feminista que surge como un acto más de reivindicación política del movimiento. El arte feminista es una herramienta, una forma de expresión para las mujeres, una forma de comunicar al mundo cuáles son las problemáticas que sufren las mujeres por el simple hecho de ser mujeres. La mejor manera de entender esto es con ejemplos, por supuesto.


Empezamos con Sofonisba Anguissola, artista del Renacimiento italiano que destacó en el ámbito del retrato oficial, tanto que fue invitada por Felipe II en 1599 a Madrid (no como pintora de corte, obviamente, sino como dama de compañía de la reina Isabel de Valois). En este caso, es interesante estudiar diferentes aspectos: primero, su condición social en este siglo, pues pertenecía a una familia noble; en segundo lugar, su manera de pintar no puede relacionarse con la del resto de sus compañeros del Renacimiento, porque los espacios a los que podía acceder no eran los mismos que los del varón, por lo que en ocasiones sus representaciones nos muestran lugares íntimos y más domésticos (lo mismo pasa con artistas como Berthe Morisot, que no accede a los espacios de libertinaje que sus compañeros revolucionarios del mundo del Impresionismo francés). 

Retrato de Isabel de Valois, copia de Rubens, 1561 (Toledo Colección particular)
Retrato de Isabel de Valois, copia de Rubens, 1561 (Toledo Colección particular)
Retrato de Isabel de Valois de Alonso Sánchez Coello, 1560 Viena, Kunsthistoriches Museum
Retrato de Isabel de Valois de Alonso Sánchez Coello, 1560 Viena, Kunsthistoriches Museum

El caso es que es interesante hacer una comparativa entre dos obras que retratan a la misma persona: una realizada por una mujer, en este caso Sofonisba, y la otra por un varón, Alonso Sánchez Coello, pintor de la corte de Felipe II durante casi 30 años. Ambos artistas retrataron a la reina Isabel de Valois, pero son obras completamente diferentes. 

Sofonisba, en su retrato (lo conocemos gracias a una copia de Rubens realizada en 1561, pero se piensa que tuvo que ser realizada en momentos cercanos a la de Sánchez Coello) que se encuentra en una colección particular de Toledo, vemos cómo representa de una manera solemne a la reina, con un rostro sereno, con una vestimenta elegante, pero austera y más "cómoda" (dentro de lo que podemos llamar cómodo en el siglo XVI); además, la representa en una postura regia, otorgándole una gran dignidad, con una relación directa con el espectador y desde una posición a la misma altura, al contrario que Sánchez Coello en el Retrato que le realiza en 1560 y que se encuentra en Kunsthistoriches Museum (Viena). 

Ambos datan de la misma época, con la diferencia de que Sofonisba esperó más para retratarla puesto que los largos viajes que realizaba la dejaban muy cansada, cosa que no le ocurrió a Sánchez Coello, que la representa justo a la llegada de uno de esos viajes, mostrando el cansancio en el rostro de la retratada. Con aspecto rígido, en postura solemne, con una vestimenta muy rica y cargándola de la posición real que poseía mediante las vestiduras y complementos, en cambio, la visión que se nos da de Isabel en esta obra es mucho más lejana al espectador

Además, esta obra está realizada para ser vista desde abajo, haciendo alusión a la jerarquía de poder, cosa que Sofonisba omite para acercarla al espectador. No podemos olvidar que Sofonisba se encontraba con Isabel porque era su dama de compañía, así que tendría una relación mucho más cercana con ella que Sánchez Coello. De este modo, aunque ambos retratos son magníficos, el de Sofonisba nos cuenta más sobre la representada. En conclusión, no debemos considerar a Sofonisba como una artista feminista porque tuviera la capacidad de representar de una manera más íntima a la reina Isabel de Valois: simplemente, esto se produce porque ambas son mujeres y comparten los mismos espacios.


The Dinner Party de Judy Chicago, 1974- 1979. Cerámica, porcelana, textiles, Museo de Brooklyn; (Foto: Donald Woodman)
The Dinner Party de Judy Chicago, 1974- 1979. Cerámica, porcelana, textiles, Museo de Brooklyn; (Foto: Donald Woodman)

En paralelo, en el arte feminista, es bien conocida Judy Chicago (destaca la obra The Dinner Party en el museo de Brooklyn), miembro de la primera generación de artistas feministas del siglo XX, así como Bárbara Kruger, que mezcla las técnicas de la publicidad para explorar la política de género e identidad, sin olvidar a las Guerrilla Girls, un grupo anónimo de artistas activistas que tienen una fuerte identidad visual, con un lenguaje provocador y un humor directo que pone de relieve los prejuicios de género y la desigualdad racial en el Arte.

Untitled (We Don't Need Another Hero) Bárbara Kruger, 1987. Whitney Museum of American Art, Nueva York (Estados Unidos)
Untitled (We Don't Need Another Hero) Bárbara Kruger, 1987. Whitney Museum of American Art, Nueva York (Estados Unidos)
Guerrilla Girls, Do women have to be naked to get into the Met. Museum? 1989. Póster.
Guerrilla Girls, Do women have to be naked to get into the Met. Museum? 1989. Póster.

Vamos a centrarnos en algunas mujeres. 

Una de mis artistas favoritas es Marina Abramović, que se dedica principalmente a la realización de performances. En su obra Rhythm O de 1974 (pincha en el enlace para ver), se presenta al espectador con setenta y dos objetos de diferente utilidad, entre los que destacaban una rosa, unas tijeras, un perfume, comida..., pero también clavos, una barra de metal e, incluso, una pistola con una bala. 

Rhythm 0 (1974) Marina Abramović. Performance. Video
Rhythm 0 (1974) Marina Abramović. Performance. Video

Los objetos estaban distribuidos en una mesa junto a la que se encontraba la artista de manera pasiva, e invitaba al espectador a utilizar esos objetos sobre ella misma con la instrucción de que ella era un objeto y que los visitantes podían hacer con ella lo que quisieran durante 6 horas. Al principio los visitantes utilizaban las cosas más cotidianas, jugaban con ella, la besaban..., pero llegó un punto en que, ante la pasividad de la artista, los visitantes comienzan a ser agresivos, le cortaron y bebieron su sangre, la ataron, pusieron el cuchillo entre sus piernas, le pusieron la pistola en la mano cargada...: estuvo prácticamente a punto de morir

Cuando la performance terminó, la gente huyó porque no era capaz de enfrentarse a la artista como persona, pero sí a denigrarla como objeto con la justificación de que ella se responsabilizaba de los actos de los demás. La lectura de esta obra es clara: busca poner a prueba los límites del ser humano cuando hay una pasividad. Esto tiene dentro del análisis feminista una gran relevancia, pues está mostrando no solo a una sociedad machista y patriarcal, sino también la pasividad ante la violencia. Es realmente espeluznante el análisis que se puede sacar de esta obra. Por tanto, sí que podemos denominar a Abramovic como una artista feminista porque cuestiona los roles patriarcales y reivindica valores muy importantes dentro de la lucha feminista.

En esa lucha feminista, uno de los aspectos que más se reivindican por parte del colectivo es la violencia contra las mujeres. En este aspecto, una de las mujeres que más me ha impactado con su obra fue la mexicana Teresa Serrano que en 2003 realiza la performance "Piñata", en la que básicamente podemos ver cómo una piñata con forma de mujer es golpeada sin piedad y de manera agresiva, dando visibilidad a uno de los problemas más graves que sufren en Ciudad Juárez. 

Nuria Varela (2019) habla sobre este aspecto en su obra Cansadas: «nadie sabe exactamente cuántas son las mujeres asesinadas en Juárez, aún menos las desaparecidas. Las cifras bailan de forma siniestra y alcanzan proporciones tan estremecedoras como la extrema violencia que han sufrido las víctimas. Niñas, adolescentes, jóvenes, estudiantes, madres, bailarinas, periodistas, prostitutas...mujeres, todas mujeres». Estas palabras creo que se representan realmente en la performance: yo, como mujer, no he sido capaz de visualizar toda la pieza, muestra de que la artista consigue realmente reflejar ese dolor y cómo la vida de las mujeres no vale nada.

Teresa Serrano, Piñata (2003) Performance. Vídeo
Teresa Serrano, Piñata (2003) Performance. Vídeo

Por último, por hacer referencia también a las artistas feministas españolas, quiero destacar a Pilar Albarracín, artista multidisciplinar nacida en Sevilla, que en sus obras invita al espectador a que se adentre en los estereotipos de la cultura española pero desde una perspectiva diferente, con ironía y haciendo siempre referencia a la fiesta y el folclore. Entre sus obras, me gustaría destacar Torera de 2009.

Torera (2009)Pilar Albarracín. fotografía
Torera (2009)Pilar Albarracín. fotografía

Aquí solo he mostrado algunas de las miles de artistas que encontramos en la Historia del Arte, diferenciando entre mujeres artistas y artistas feministas. Lo importante a la hora de realizar un análisis feminista de la Historia del Arte es tener claros los conceptos, analizar el contexto en el que se sitúa la artista en su condición como mujer, que nos va a dar las respuestas para entender por qué sus obras son diferentes a las de los varones, así como, por qué no, hacerse la pregunta: ¿es esta artista feminista? ¿Utiliza su obra como herramienta o medio de reivindicación en los valores de la lucha feminista? ¿O simplemente por su estatus social puede permitirse destacar en un mundo de hombres? 

"Las mujeres queremos aquello que los propios varones mismos han definido como lo genéricamente humano, no queremos lo identitario masculino, sino lo genéricamente humano" 

- Celia Amorós

Lo importante es cuestionar, reflexionar y analizar para evitar esa «liaison dangereuse» que nos puede confundir. Como empecé con Celia Amorós, termino con ella de nuevo: "las mujeres queremos aquello que los propios varones mismos han definido como lo genéricamente humano, no queremos lo identitario masculino, sino lo genéricamente humano". Es por eso que las mujeres artistas no se deben insertar en lo identitario masculino, sino que debemos avanzar en la Historia del Arte feminista hacia lo genéricamente humano.



Alicia Lorca Guillén



Bibliografía


Editado por Isabella S. Casto