Nuestros guías turísticos. Artículo de reflexión.

15.05.2021

El historiador del arte Iván Trujillano nos ofrece su visión sobre la constante polémica en torno a las competencias del guía turístico.

Fotografía: Isabella Casto
Fotografía: Isabella Casto

Tras un longevo y tedioso confinamiento, la niebla sembrada por la incertidumbre comienza a disiparse y comenzamos, de manera muy precavida, a retomar la senda de la normalidad. A través de la misma, comenzamos a echar un ojo al mapa mundi para organizar nuestro próximo destino. ¡Ya era hora! 

¿Alguna vez habéis dedicado algún viaje a enriqueceros culturalmente? En este caso, ¿solíais explorar la ciudad por vuestra cuenta o contratar los servicios de una guía turística? Es muy probable que, en alguna ocasión, tanto vosotros como algún familiar o amigo hayáis escogido la segunda opción. Pero la cuestión elemental es, ¿a qué tipo de profesionales les compete impartir dichas guías?

La respuesta es la siguiente: las competencias residen en los y las profesionales del sector del Turismo, graduados en esta carrera. Por otro lado, existe otra manera alternativa de conseguir el carné oficial de Guía de Turismo, con unos requisitos que cada vez suman en dificultad, y los cuales varían en función de la Comunidad Autónoma. En el caso del territorio andaluz, el requisito más temido es la posesión de un título oficial de idioma de nivel C1 o superior, y otro alternativo de nivel B2 o superior (independientes al castellano).

Algunos se preguntarán, ¿dónde reside la polémica? Muy sencillo: en la absoluta marginalidad del historiador e historiadora del Arte. Sin embargo, antes de dictar si es justa o no dicha marginación, sería conveniente echar un ojo a la definición de Guía turístico, dictada por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo.

"El guía de turismo es la persona que guía al turista en el idioma de su elección e interpreta el patrimonio cultural y natural de una zona y que normalmente, posee una titulación específica de su área emitida y/o reconocida por las autoridades competentes".

Ahora que conocemos su definición, es preciso plantearse a quién les compete principalmente esta labor. ¿Interpretar el patrimonio cultural o natural y que posea una titulación específica de su área? Sirviéndonos de esta afirmación, me parece natural que una historiadora o historiador del Arte se sienta aludido, puesto que la formación profesional conduce, como uno de sus fines, hacia la propia interpretación del patrimonio -por no hablar del conocimiento más específico en cuanto a elementos artísticos, arquitectónicos, escultóricos o de contexto histórico-artístico y cultural-.

En consecuencia de este problema, muchos profesionales formados para la interpretación del patrimonio se han visto obligados a realizar visitas turísticas de "free tour" o, en otras palabras, guías gratuitas y autónomas. Estas personas, que no pueden ejercer oficialmente sus competencias, se ven obligadas a realizar el mismo trabajo con unas condiciones laborales que corren a la cuenta de la voluntad de sus clientes.

Una de las instituciones que más ha luchado para derrumbar esta barrera ha sido la Asociación Profesional de Historiadores del Arte (APROHA), cuyo presidente José Castillo, además de numerosos miembros y afiliados, han sido durante años las voces representativas del historiador y la historiadora del Arte. APROHA ha combatido y continúa insistiendo a día de hoy para que estos cambios legislativos consigan materializarse.

¡Pero no nos confundamos! El fin de la cuestión no reside en pisarnos entre disciplinas, sino en convivir profesionalmente juntos. Personalmente, cuento con compañeras y amigos que trabajan en este sector, y no me cabe la menor duda de que merecen el mayor de mis respetos -así como el de sus propios clientes-.

Quisiera concluir el artículo con una reflexión final. Estoy totalmente convencido de que el turismo y la Historia del Arte pueden ser compatibles; es más, deben darse la mano para construir un diálogo histórico-artístico y cultural lo más fidedigno posible. De esta manera, podremos conformar un discurso final de mayor calidad técnica, profesionalidad y, por ende, de mayor criterio. La gente lo merece y nosotros, formados en la Historia del Arte, también lo merecemos.


Iván Trujillano S.