Platón nunca estuvo tan guapo, Manet nunca habría estado tan orgulloso

Análisis y Comparación Breve entre la Ideología de Platón y Manet acerca de la Pintura como Expresión Artística.

'Platón nunca estuvo tan guapo', Mnemosina. 2020.
'Platón nunca estuvo tan guapo', Mnemosina. 2020.

El contraste de opiniones en cuanto a la utilidad, la necesidad y la definición del Arte a lo largo de la historia de la humanidad ha llegado a ser un tema bastante polémico, resultando de gran interés para debatir desde dos puntos de vista u opiniones extremos. Como en el caso de este ensayo, extremos no sólo por la enorme diferencia de ubicación temporal y espacial entre los dos partidos, sino también por sus definiciones acerca de la necesidad, la intención y la valoración de lo que se viene a denominar Arte. Según la Real Academia de la Lengua Española, podemos definir al arte como la capacidad o habilidad para hacer algo; una manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros; un conjunto de preceptos y reglas necesarios para hacer algo, etc. Sin embargo, a continuación, y enfocándonos en la expresión artística de la pintura, analizaremos y compararemos a las opiniones del gran filósofo Platón y del pintor controversial Édouard Manet, uno de la Antigua Grecia y otro de la París Moderna del final del siglo XIX.

Platón nació en el seno de la alabada Grecia Clásica del siglo IV a.C.; un momento importantísimo de la historia del arte cuya herencia podemos trazar a través del magnífico Imperio Romano, y cuya influencia podemos percibir hasta hoy. No sería hasta los finales del siglo XIX principios del siglo XX, con el nacimiento del Arte Moderno, que la influencia predominante (por lo menos en el arte del mundo occidental) de la Antigua Grecia perdería su fuerza omnipotente. En cuanto a Manet, nació en una Europa inestable, cama de las oleadas revolucionarias liberal-nacionalistas que cuestionaban y se enfrentaban a todas las convenciones previamente establecidas, sin excluir a las del mundo artístico.

Para Platón, el arte es la mímesis y existen tres tipos: aquel que produce, aquel que imita o figura y aquel que crea. La pintura se clasifica dentro de aquellos artes que imitan, igual que la escultura y la poesía, ya que sus productos son "copias de copias"; creando imágenes y representaciones o ilusiones a partir de un mundo empírico, copia del mundo de las ideas, los cuales según éste, no son "realidades sensibles". Esto se defiende claramente en su obra La República, cuando dice "examina ahora esto: ¿qué es lo que persigue la pintura con respecto a cada objeto, imitar a lo que es tal como es o a lo que aparece tal como aparece? [...] En tal caso el arte mimético está sin duda lejos de la verdad ..." (1), o cuando dice que "el arte mimético es algo inferior que, conviviendo con algo inferior, engendra algo inferior" (2), ya que el artista, en este caso el pintor, perjudica nuestro conocimiento de la verdad al jugar con nuestros sentidos y perspectiva, distorsionando nuestro uso de la razón.

En primer lugar, el simple hecho de que Platón considere a los pintores como artistas imitadores e inferiores ya contrasta fuertemente con la opinión de Manet, y tomar en cuenta las diferentes 'profesiones' de los dos genios - uno filósofo y el otro pintor - nos ayuda entender un poco más sobre tal diferencia de opinión. Es obvio que, al ser un filósofo, Platón estima a los artistas imitadores como inferiores a los artistas creadores, como él; es decir, considera a un artista que toma uso de la dialéctica, (al igual que él en todas sus obras escritas), como superior a un artista que refleja su expresión artística en la pintura. A cambio, Manet, un pobre pintor criticado por su sociedad, forma parte de los pensadores revolucionarios que luchan por la igualdad de estimación de todos los artistas, tanto pintores como escultores, escritores de poesía o de literatura. Así que, mientras Platón cree en una jerarquía necesaria del arte y de sus artistas, Manet lucha justo en contra de esa convención, buscando la igualdad.

Se podría decir que Manet y Platón están parcialmente de acuerdo, o que comparten un matiz especial, en cuanto a su referencia a la apariencia en la pintura, ya que Manet llega a decir que "Todo es mera apariencia, los placeres de una hora que pasa, el sueño de una noche de verano. Sólo la pintura, el reflejo de un reflejo - pero la reflexión, también, de la eternidad - puede grabar algo del brillo de este espejismo" (3). Dicho de otro modo, Manet estaría de acuerdo con Platón sobre el hecho de que la pintura es la copia de una copia, al referirse a ella como un reflejo de un reflejo y la grabación de un espejismo. Sin embargo, detrás de lo que se capta a partir de una lectura literal, Manet traza otra rama más discreta, haciendo referencia a una doble realidad; una doble realidad que más tarde se vería tratada como un tema principal entre los artistas modernos. Esta dualidad: la objetiva y la subjetiva; la que el lector o espectador de la pintura ve reflejada y la que el artista quiere que el lector o espectador vea y entienda - una especie de mensaje subliminal. Dicho esto, y replanteado con otras palabras, Platón también podría estar de acuerdo con, y hacer referencia a, una doble realidad: la realidad del mundo sensible y la realidad del mundo inteligible, aunque para él la verdadera siempre sea el inteligible.

Además de esto, Manet también habla de lo reflejado en su pintura como una reflexión de algo eterno, "[...] Sólo la pintura, el reflejo de un reflejo - pero la reflexión, también, de la eternidad - [...]" (4), insinuando que la grabación de ese espejismo es meramente una imagen o ilusión de lo verdadero, ya que al decir eterno, infiere que ha existido y que existirá eternamente. Platón defiende que lo eterno es inmutable, y que lo inmutable es irrefutable y por lo tanto verdadero. En cambio, lo que ahora podríamos descifrar de Manet es que la pintura no es una copia de una copia, sino simplemente un reflejo de lo real. Esto se puede interpretar como completamente lo opuesto a lo que defiende Platón en su teoría del mundo de las ideas, ya que para Platón lo real no son los objetos del mundo sensible sino la idea perfecta de estas. No obstante, para Manet todo vuelve a esa teoría de la doble realidad: por un lado, la pintura es un reflejo de un reflejo de una idea y, por otro lado, la pintura es una reflexión sobre lo eterno que se está plasmando en el cuadro. Así pues, la pintura es el reflejo de una realidad, y la reflexión sobre otra.

'Un bar aux Folies Bergère', Edouard Manet. Francia, 1882. Óleo, 96 × 130 cm. The Courtauld Gallery, Londres.
'Un bar aux Folies Bergère', Edouard Manet. Francia, 1882. Óleo, 96 × 130 cm. The Courtauld Gallery, Londres.

En este cuadro de Manet podemos apreciar la doble realidad a la que nos referimos en el ensayo: por un lado un reflejo y por otro lado una reflexión. El reflejo de una realidad: una mujer joven trabajando en un bar de la época, preparada y dispuesta a atender a la clientela. En el fondo detrás de ella, se aprecia otra referencia a la doble realidad de Manet, el propio reflejo de la escena de la joven en un supuesto espejo. 

Aquí es donde llega la reflexión, ya que se supone que el espectador o lector observa a la mujer de frente, pero al notar la existencia del hombre quien se ve reflejado en el espejo, se encuentra ante la obligación de plantearse varias cuestiones: ¿Quiénes somos los espectadores? ¿El hombre quien pide en la barra, el público del fondo del bar o un lector totalmente ajeno a la situación? Y si somos el hombre, ¿qué sensación nos causa la expresión y postura de la muchacha que se encuentra delante de nosotros? Y si somos un espectador ajeno, ¿qué sensación nos causa el hecho de ver a la muchacha onírica en tal posición de engaño óptico? 

Quizá no somos ninguno de los dos, sino el propio sentimiento y la propia sensación de la muchacha en sí - quien sabe. Conclusión: de lo que se trata en este cuadro es de mirar. Mirar lo que se refleja, mirar lo que se reflexiona, mirar lo que uno cree ver reflejado, mirar lo que la reflexión del artista quiso reflejar - Mirar el reflejo de un reflejo de una idea y la reflexión sobre lo eterno plasmado.

En consecuencia, para Platón, el arte ideal es aquel que muestra a la realidad en el sentido verdadero conforme a lo que representa, mostrando a la idea y a su conocimiento con una forma ideal de orden interno, moderación y virtud. El arte, por consiguiente, es belleza: es proporción, orden, medida y eternidad; una propiedad objetiva y eterna, no subjetiva y personal. Los artistas Realistas y Naturalistas del momento de Manet, hijos del Neoclasicismo, estarían completamente de acuerdo con Platón en este aspecto. Estos buscan y demuestran una vuelta a la realidad, al retrato y a la denuncia de lo social y lo cotidiano, como oposición a los ideales románticos y a la tendencia de la evasión realista. La temática de estos corrientes es más cruda, más descriptiva en cuanto a su realidad y más pragmática. Aún así, no debemos de olvidar que Platón no valora a este "arte", ya que sigue siendo pintura, un arte inferior de imitación.

Efectivamente, Manet forma parte de una transición, participando mediante su pintura en una gran crítica, tanto social como artística, tanto emocional como moral y tanto histórica como estética. Una transición desde una estética "Realista" hacia una estética "Impresionista". El cambio hacia un arte y una expresión de lo subjetivo mirado desde punto de vista objetiva: sentimientos vs. sensaciones. Es decir, la expresión artística no se muestra como una realidad filtrada por el sujeto desde los sentimiento interiores hacia fuera, sino que la expresión artística se plasma como imágenes creadas a partir de una realidad que el sujeto experimenta, la cual le causa sensaciones. Una pintura que pretende captar la fugacidad del momento desde el punto de vista de nuestras facultades sensibles; la fugacidad del tiempo, de la belleza, de lo vivo; la complejidad del sujeto, y la heterogeneidad del yo. Una corriente artística que terminaría convirtiéndose en todo lo opuesto de Platón y potenciando el mundo sensible sobre el mundo inteligible.

En conclusión, Platón condena a lo que viene a ser el "arte actual", porque Platón condena a todo lo que aspira a ser novedad, subjetividad e individualidad, falsa realidad, deformación de nuestros sentimientos y la perspectiva, etc. Para éste, el arte es lo útil que debería fortalecer e unir al pueblo, estimular la razón y equilibrar el alma, lejos de la pintura, que la considera meramente decorativa. Sin embargo, quizá no se diferencian tanto Manet y Platón en cuanto a sus terminologías o en cuanto a sus definiciones del Arte y de la pintura, sino más bien en cuanto a su valoración, la necesidad y utilidad que le ven, y los peligros que pueden captar en ellos.


(1) & (2) Platón. La República. Vol. X. N.p.: n.p., n.d. 462-70. Print.

(3) & (4) Édouard Manet and His Paintings. Édouard Manet. Www.Manet.Org., n.d. Web. 23 June 2016.


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